martes, 23 de diciembre de 2014

LA MUJER SURREALISTA: Mujer-Objeto/Mujer-Doble/Mujer-Sujeto

« Mujer: tiene que ser la última palabra de un moribundo o de un libro »
 Forneret. Diccionario abreviado del Surrealismo. 

Manos pintadas por Picasso. M.RAY

 Entre otros muchos aspectos, como el azar, la locura, el subconsciente o el sueño, la mujer encuentra su sitio en el imaginario surrealista y, en la mayoría de los casos, como reveladora de todos los elementos anteriores.
Objeto del “amor cortés”, imagen principal en las literaturas clásicas, renacentista y romántica, la mujer ha sido tratada en la literatura como un tema cualquiera de inspiración; en la mayoría de los casos, utilizada como figura pasiva. 


   Las Vanguardias artísticas, revolucionarias, innovadoras y subversivas, otorgan a la mujer un papel desconocido hasta ahora, como agente productivo y productor del arte. En concreto, el Surrealismo cree en la mujer como fuerza reveladora del arte y de la libertad, como inspiración desmedida y, lo que es más importante, como artista autónoma y emancipada, con voz crítica y propia. Como veremos más adelante, numerosas son las artistas que han formado parte de las filas surrealistas, dotando  al movimiento  de una sensibilidad y de una riqueza sin precedentes.


“… la mujer es el ser que proyecta la mayor sombra o la mayor luz en nuestros sueños. La mujer es fatalmente sugestiva; vive de otra vida que la suya propia; vive espiritualmente en las imaginaciones a las que se aparece y que ella fecunda”
Baudelaire, Diccionario abreviado del Surrealismo

La MUJER-OBJETO sufre, en el interior del Surrealismo, un cambio ontológico y decosificador que eleva su cuerpo, a menudo fraccionado, al estatus de obra de arte, incluso, al de ready-made, es decir, sacando el cuerpo femenino de su contexto social y artístico tradicional, para situarlo en una realidad superior (surrealidad), descontextualizada, que lo dotará de un significado amplio y nuevo, cargado de sugestión.
Por una parte, tengamos en cuenta este cambio que desmaterializa y decosifica el cuerpo femenino. Según la conceptualización surrealista y, más concretamente, según la teorización de Salvador Dalí, “el objeto surrealista debe ser absolutamente inútil tanto desde el punto de vista práctico como del racional. Él materializará, con el máximo de tangibilidad, las fantasías espirituales de carácter delirante (La vida secreta de Salvador Dalí, 1942).
Por otra parte y, en relación con estas “fantasías espirituales de carácter delirante”, no olvidemos el alto poder sensual/sexual que el cuerpo femenino despierta en el imaginario surrealista. A este respecto, Christine Coste, en la publicación sobre “La subversión des images”, exposición que tuvo lugar en el Centre Pompidou en 2010, escribió:

El cuerpo del delito
“En la pureza clásica del cuerpo de la amante, de la esposa, de la amiga o de simple modelo, el ojo del fotógrafo pone en escena e imprime el objeto del placer, del fantasma y del sueño. Reivindica su audacia y bascula la realidad, lo común, en un juego erótico donde el candor y la perversidad riman, o se yuxtaponen.  En este deseo –delirio-, el cuerpo del delito invariablemente femenino expresa el erotismo y sustenta el misterio, la extrañeza tan querida por los surrealistas. Hacer rimar, como Man Ray, la forma de un violín con la espalda de Kiki de Montparnasse y un famoso cuadro de Ingrès, o inscribir, como Marcel Mariën, un poema sobre la página en blanco de una piel, codiciada y amada, induce a la inversión, a la turbación y emancipa miradas y pensamientos. En total libertad”.
Christine Coste, La subversion des images: Surréalisme, Photographie, Film au Centre Pompidou.

Le violon d'Ingrès, M.RAY



A este respecto y, en relación directa con la fotografía surrealista, mención especial merece el papel del cuerpo femenino en la obra del artista Man Ray.
Este artista tomó, casi exclusivamente, el cuerpo de la mujer como fuente de inspiración, captando con su objetivo múltiples perspectivas de la fisionomía y la psicología femenina, aplicándole diferentes y novedosas técnicas que, como hemos señalado anteriormente, dotan la figura femenina de una amplitud y una configuración sin precedentes. 

Lee Miller Nude
Anatomie
Le retour à la raison
La prière

En segundo lugar, nos gustaría señalar la importancia de la MUJER-DOBLE en el panorama artístico surrealista. Nos referimos a mujeres que por su estatus de musas, compañeras o creadoras conjuntas, al lado de otros artistas, han contribuido a la construcción de una personalidad sumada, un alter-ego que hace incomprensible la existencia del hombre surrealista sin la figura complementaria de la mujer.

Cántico a Elisa, Louis Aragon

Te toco y veo tu cuerpo y tú respiras,
         ya no es el tiempo de vivir separados.
Eres tú; vas y vienes y yo sigo tu imperio
         para lo mejor y para lo peor.
Y jamás fuiste tan lejana a mi gusto.
Juntos encontramos en el país de las maravillas
el serio placer color de absoluto.
Pero cuando vuelvo a vosotros al despertarme
          si suspiro a tu oído
como palabras de adiós tú no las oyes.
Ella duerme. Profundamente la escucho callar.
Ésta es ella presente en mis brazos, y, sin embargo,
más ausente de estar en ellos y más solitaria
          de estar cerca de su misterio,
como un jugador que lee en los dados
          el punto que le hace perder.

El día que parecerá arrancarla a la ausencia
me la descubre más conmovedora y más bella que él.
De la sombra guarda ella el perfume y la esencia.
         Es como un sueño de los sentidos.
El día que la devuelve es todavía una noche.

Zarzales cotidianos en que nos desgarramos.
La vida habrá pasado como un viento enfadoso.
Jamás saciado de esos ojos que me dan hambre.
          Mi cielo, mi desesperación de mujer,
trece años habré espiado tu silencio cantando.

Como las madréporas inscriben el mar,
embriagando mi corazón trece años, trece inviernos,
          trece veranos;
habré temblado trece años sobre un suelo de quimeras,
          trece años de un miedo dulce amargo,
y conjurado peligros aumentados trece años.

¡Oh niña mía!, el tiempo no está a nuestra medida
que mil y una noche son poco para los amantes.
Trece años son como un día y es fuego de pajas.
           El que quema a nuestros pies malla por malla
el mágico tapiz de nuestra soledad.

Versión de: María Dolores Sartorio

Dalí y Gala, Breton y Nadja, Louis Aragon y Elsa Triolet, Max Ernst y Leonora Carrintong, Picasso y Dora Maar… Múltiples son los ejemplos de binomios recíprocos y complementarios que se desarrollan en el seno del surrealismo y, en la mayoría de los casos, la figura femenina logra emanciparse de su doble masculino para trazar una trayectoria propia e independiente.

Es el caso de Dora Maar, cuyo encuentro con Breton y Man Ray tiene lugar en la “Unión de intelectuales contra el fascismo” en 1934.  Esta artista, restratista y fotógrafa, participó en “Le crime de Monsieur Lange”, película de Jean Renoir de 1936. Paul Éluard le presentó a Picasso. 




A parte de la personalidad arrolladora de Dora Maar, muchas son las mujeres surrealistas que podríamos poner en valor y alabar.
La mujer surrealista, MUJER-SUJETO,consciente de su fuerza y de su papel en el panorama artístico y, por tanto, de la repercusión que su obra tendrá en el ámbito social, reescribe su feminidad, la defiende, la respalda y la subvierte en libertad. Se da al arte y al servicio del arte y de la revolución surrealista  pone su obra.  


Sin olvidarnos de personalidades como Rosa Klein, Lisette Model, Dolores Varo o Léonor Fini, nos centramos en el caso de Meret Oppenheim, que trastocó el panorama artístico con su obra “Déjeuner en fourrure”, altamente sugestivo, erótico y revelador. Pintora de formación y vocación, contribuyó a la construcción de su propio mito haciéndose fotografiar por Man Ray y exponiendo en el 6º Salón de los Surindependientes, junto a Jean Arp, Miró, Dalí, Magritte o Ernst, la obra que acabamos de mencionar que, además de provocar un gran escándalo en las mentes y formas tradicionales del arte, le otorgó un enorme éxito cuando su obra fue adquirida por el MOMA.




Leonora Carrinton, por su parte, destaca por su increíble obra pictórica y literaria (La Casa del miedo, 1938). Compañera sentimental de Max Ernst, participó en la Exposición Internacional del Surrealismo, en París y Amsterdam. Cabe destacar también su implicación política; tras la ocupación nazi en Francia, se vuelve colaboradora activa del Kunstler Bund, junto con otros artistas surrealistas, movimiento subterráneo de artistas antifascistas.




Destacamos igualmente la figura de Lee Miller, compañera y musa incontestable del fotógrafo Man Ray. Modelo de prestigiosas revistas de moda en Italia y en Francia, reafirma su fama contribuyendo a la grandeza y perpetuidad de la obra de Ray. En Nueva York abrió su propio estudio fotográfico en 1932 y, a su vuelta a París, conoció a Roland Penrose, fundador del movimiento surrealista en Londres.



Por último y, más allá de los límites franceses de creación, remarcamos la figura de Frida Kahlo. Con una técnica tremendamente original y colorista, poblada de animales, pájaros y demás elementos simbólicos, Frida toma como fuente de inspiración su biografía y su propio sufrimiento. André Breton, la invitó a exponer en Francia en 1939. Considerada por todos como emblema de la pintura surrealista femenina, ella misma afirmó que “esta tendencia no se correspondía con su arte, que ella no pintaba sueños, sino su propia vida”. En cualquier caso, fue admirada y valorada por artistas del movimiento como Picasso o Duchamp y su obra permanecerá siempre en el imaginario colectivo.




 Objeto de deseo, fuente de inspiración para el cine, la fotografía o la literatura, la mujer surrealista se desvela como ser libre y autónomo... El canto a la mujer libre.

"Si amas a la mujer, amas el surrealismo"

 La Perra

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