LA MUJER SURREALISTA: Mujer-Objeto/Mujer-Doble/Mujer-Sujeto
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tiene que ser la última palabra de un moribundo o de un libro »
Forneret. Diccionario abreviado del Surrealismo.
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Manos pintadas por Picasso. M.RAY |
Entre otros muchos aspectos,
como el azar, la locura, el subconsciente o el sueño, la mujer encuentra su
sitio en el imaginario surrealista y, en la mayoría de los casos, como
reveladora de todos los elementos anteriores.
Objeto del “amor cortés”,
imagen principal en las literaturas clásicas, renacentista y romántica, la
mujer ha sido tratada en la literatura como un tema cualquiera de inspiración;
en la mayoría de los casos, utilizada como figura pasiva.
Las Vanguardias artísticas, revolucionarias, innovadoras
y subversivas, otorgan a la mujer un papel desconocido hasta ahora, como agente
productivo y productor del arte. En concreto, el Surrealismo cree en la mujer
como fuerza reveladora del arte y de la libertad, como inspiración desmedida y,
lo que es más importante, como artista autónoma y emancipada, con voz crítica y
propia. Como veremos más adelante, numerosas son las artistas que han formado
parte de las filas surrealistas, dotando al movimiento de una sensibilidad y de una riqueza sin
precedentes.
“… la mujer es el ser que
proyecta la mayor sombra o la mayor luz en nuestros sueños. La mujer es
fatalmente sugestiva; vive de otra vida que la suya propia; vive espiritualmente
en las imaginaciones a las que se aparece y que ella fecunda”
Baudelaire, Diccionario abreviado del
Surrealismo
La MUJER-OBJETO sufre, en el interior del Surrealismo, un cambio
ontológico y decosificador que eleva su cuerpo, a menudo fraccionado, al
estatus de obra de arte, incluso, al de ready-made, es decir, sacando el cuerpo
femenino de su contexto social y artístico tradicional, para situarlo en una
realidad superior (surrealidad), descontextualizada, que lo dotará de un
significado amplio y nuevo, cargado de sugestión.
Por una parte, tengamos
en cuenta este cambio que desmaterializa y decosifica el cuerpo femenino. Según
la conceptualización surrealista y, más concretamente, según la teorización de
Salvador Dalí, “el objeto surrealista
debe ser absolutamente inútil tanto desde el punto de vista práctico como del
racional. Él materializará, con el máximo de tangibilidad, las fantasías espirituales
de carácter delirante (La vida secreta de Salvador Dalí, 1942).
Por otra parte y, en
relación con estas “fantasías espirituales de carácter delirante”, no olvidemos
el alto poder sensual/sexual que el cuerpo femenino despierta en el imaginario
surrealista. A este respecto, Christine Coste, en la publicación sobre “La subversión
des images”, exposición que tuvo lugar en el Centre Pompidou en 2010, escribió:
El cuerpo del delito
“En la pureza clásica del cuerpo de la amante, de la esposa, de la amiga o
de simple modelo, el ojo del fotógrafo pone en escena e imprime el objeto del
placer, del fantasma y del sueño. Reivindica su audacia y bascula la realidad,
lo común, en un juego erótico donde el candor y la perversidad riman, o se yuxtaponen.
En este deseo –delirio-, el cuerpo del
delito invariablemente femenino expresa el erotismo y sustenta el misterio, la
extrañeza tan querida por los surrealistas. Hacer rimar, como Man Ray, la forma
de un violín con la espalda de Kiki de Montparnasse y un famoso cuadro de
Ingrès, o inscribir, como Marcel Mariën, un poema sobre la página en blanco de
una piel, codiciada y amada, induce a la inversión, a la turbación y emancipa
miradas y pensamientos. En total libertad”.
Christine Coste, La subversion des images: Surréalisme, Photographie, Film au Centre
Pompidou.
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Le violon d'Ingrès, M.RAY |
A este respecto y, en
relación directa con la fotografía surrealista, mención especial merece el
papel del cuerpo femenino en la obra del artista Man Ray.
Este artista tomó, casi
exclusivamente, el cuerpo de la mujer como fuente de inspiración, captando con
su objetivo múltiples perspectivas de la fisionomía y la psicología femenina,
aplicándole diferentes y novedosas técnicas que, como hemos señalado
anteriormente, dotan la figura femenina de una amplitud y una configuración sin
precedentes.
A parte de la personalidad arrolladora de
Dora Maar, muchas son las mujeres surrealistas que podríamos poner en valor y
alabar.
La mujer surrealista, MUJER-SUJETO,consciente de su fuerza y de su papel en el panorama
artístico y, por tanto, de la repercusión que su obra tendrá en el ámbito
social, reescribe su feminidad, la defiende, la respalda y la subvierte en
libertad. Se da al arte y al servicio del arte y de la revolución
surrealista pone su obra.
Sin olvidarnos de personalidades como Rosa Klein, Lisette Model, Dolores Varo o Léonor Fini, nos centramos en el caso
de Meret Oppenheim, que trastocó el
panorama artístico con su obra “Déjeuner en fourrure”, altamente sugestivo,
erótico y revelador. Pintora de formación y vocación, contribuyó a la
construcción de su propio mito haciéndose fotografiar por Man Ray y exponiendo
en el 6º Salón de los Surindependientes, junto a Jean Arp, Miró, Dalí, Magritte
o Ernst, la obra que acabamos de mencionar que, además de provocar un gran
escándalo en las mentes y formas tradicionales del arte, le otorgó un enorme
éxito cuando su obra fue adquirida por el MOMA.
Leonora Carrinton, por su parte, destaca por su increíble obra pictórica
y literaria (La Casa del miedo, 1938).
Compañera sentimental de Max Ernst, participó en la Exposición Internacional
del Surrealismo, en París y Amsterdam. Cabe destacar también su implicación
política; tras la ocupación nazi en Francia, se vuelve colaboradora activa del Kunstler Bund, junto con otros artistas
surrealistas, movimiento subterráneo de artistas antifascistas.
Destacamos igualmente la figura de Lee Miller, compañera y musa
incontestable del fotógrafo Man Ray. Modelo de prestigiosas revistas de moda en
Italia y en Francia, reafirma su fama contribuyendo a la grandeza y perpetuidad
de la obra de Ray. En Nueva York abrió su propio estudio fotográfico en 1932 y,
a su vuelta a París, conoció a Roland Penrose, fundador del movimiento
surrealista en Londres.
Por último y, más allá de los límites franceses de
creación, remarcamos la figura de Frida
Kahlo. Con una técnica tremendamente original y colorista, poblada de
animales, pájaros y demás elementos simbólicos, Frida toma como fuente de
inspiración su biografía y su propio sufrimiento. André Breton, la invitó a
exponer en Francia en 1939. Considerada por todos como emblema de la pintura
surrealista femenina, ella misma afirmó que “esta tendencia no se correspondía
con su arte, que ella no pintaba sueños, sino su propia vida”. En cualquier
caso, fue admirada y valorada por artistas del movimiento como Picasso o
Duchamp y su obra permanecerá siempre en el imaginario colectivo.
Objeto de deseo, fuente de inspiración para el cine, la fotografía o la literatura, la mujer surrealista se desvela como ser libre y autónomo... El canto a la mujer libre.
"Si amas a la mujer, amas el surrealismo"
La Perra
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