martes, 9 de septiembre de 2014

Victor Hugo: compromiso y Drama Romántico

La literatura es la expresión de la sociedad, como la palabra es la expresión del hombre[1]

.Sociedad y compromiso

La cita de Louis de Bonald que abre esta exposición, resume en pocas palabras el sentido de la teoría y de la creación literaria de todos los tiempos. Los estudios literarios, de cualquier época, siempre están unidos a las corrientes estéticas y a las producciones literarias de su tiempo. Los orígenes de los modernos estudios de estudios de historia y de crítica literaria se sitúan a principios del siglo XIX y se identifican con la llegada del movimiento romántico. Esta unión no es casual, si tenemos en cuenta que es en esta época cuando la conciencia histórica comienza desarrollarse, dando lugar al nacimiento de ciencias humanas como la lingüística, la etnografía, la historiografía o la antropología.
A principios del siglo XIX, Madame de Staël demuestra ya en su obra De la Littérature que la literatura está íntimamente ligada a los aspectos de la vida colectiva del hombre.  De esta forma, se desprende la idea de que cada época posee una forma literaria que le es propia y que está en relación con las leyes, la religión y las costumbres. La autora defiende también la necesidad de estudiar los hechos literarios a la luz de sus relaciones con otros fenómenos de la civilización y de la cultura de cada período histórico; se trata de la única manera de comprender, de teorizar y de juzgar las diferentes expresiones y experiencias artísticas.
En la perspectiva romántica, cada historia particular no constituye un hecho independiente y aislado, sino que participa – y debe participar- de otras historias hacia el conocimiento completo de la actividad humana, en un espacio y en un tiempo determinados. Así pues, la crítica romántica integró el estudio de la literatura en el estudio de la civilización general, identificando a los autores y sus obras con los movimientos espirituales y culturales de su época, con los acontecimientos políticos de su tiempo y con la época en la que evolucionan.
El Romanticismo francés, en concreto, abre el camino hacia un amplísimo abanico de temas susceptibles de ser abordados. Las posibilidades de reflexión y de análisis son casi infinitas. Sin embargo, durante mi recorrido personal, he desarrollado una especial predilección, o incluso, una fuerte sensibilidad hacia la figura de Victor Hugo, hacia lo que el autor represente en su contexto social y artístico, así como la importancia, sin precedentes, de su obra teórica, donde el autor muestra un fuerte compromiso con el ámbito social

   Victor Hugo, el genio del Romanticismo



Para sintetizar, diremos que el movimiento romántico se caracteriza por la expresión emocional de una intimidad en constante conflicto con los elementos externos, la realidad y el destino. Se trata de una corriente fuertemente idealista, individualista y subjetiva, donde la realidad se percibe a través de las sensaciones más íntimas, las emociones y los sentimientos. El Romanticismo es la expresión, por tanto, de la contradicción inherente del individuo que mantiene una lucha constante entre su “yo” y la realidad, un individuo que defiende el desafío de los límites racionales, espaciales y temporales, que defiende la introspección, el ensueño y la imaginación y que lucha contra el conservadurismo lingüístico y estético. A este respecto, El prefacio de Cromwell se convierte en una obra sintomática de las teorías románticas, un verdadero manifiesto del movimiento romántico.
La figura de Victor Hugo, en el panorama literario, resulta seductora entre otras, por dos circunstancias. Por una parte, la obra de este autor es casi tan larga como su vida y ocupa, además, todos los géneros literarios. Por otra parte, Hugo es considerado como el padre del Romanticismo por su implicación en el movimiento, su defensa y su teorización.
Definiéndose, ante todo, como poeta de inspiración esencialmente romántica, Hugo reivindica la libertad de temas y formas. Es sensible a la naturaleza, al tiempo, pero también a los temas de orden político, como es el caso de la patria, la libertad o la sociedad. Hay que señalar que toda su obra se verá marcada por su implicación en la lucha social.
Considerado como el teórico y el iniciador del drama romántico, Victor Hugo elabora un teatro donde se encuentran las características de su obra novelística y poética, como es el caso del gusto por los contrastes en la mezcla de géneros o en la doble identidad del héroe, el lirismo en la pintura del amor, etc. Para justificar el principio de la “mezcla de géneros” , del que hablaremos más adelante, cabría señalar que los contrastes y los combates caracterizan el amplio universo de este autor, que se encuentra dominado además por el juego constante de la antítesis.
Estos contrastes están ligados a la idea de que todo elemento procede de la lucha dualista entre el bien y el mal; de esta forma, la sombra se opone a la luz, a la generosidad el vicio. Las batallas entre dos seres, entre dos conceptos o entre dos principios son frecuentes en la obra de Hugo. Dichos conflictos pueden, como es el caso de su poética, entrañar el progreso, la evolución. Es justamente esta concepción dualista de la realidad la que marcará la literatura de Hugo, sobre todo, el encuentro entre lo grotesco y lo sublime, así como la mezcla de géneros que fundan, como veremos, el principio del drama romántico.

De esta manera las dos electricidades opuestas de la comedia y de la tragedia se encuentran y la chispa que surge de ellas, es el drama[2].

 Victor  Hugo, el padre del Drama Romántico
La configuración el drama romántico, como género independiente, se sitúa en el primer cuarto del siglo XIX y supone la ruptura radical con las formas teatrales precedentes. La llegada de esta forma dramática tiene lugar en medio de un contexto social y artístico susceptible de ser contestado, a causa de las tensiones políticas y de orden social.
El drama romántico defiende la superación de las normas y reglas del teatro clásico, fundado sobre el principio de la “bienséance”, la verosimilitud y las reglas de unidad de tiempo, lugar y acción, consideradas, a partir de ahora, como auténticos lastres para la creación literaria. El objetivo será, por tanto, representar al hombre y su entorno en toda su complejidad y totalidad para, de esta forma, dar cuenta de sus contradicciones. Esta voluntad de expresar la totalidad, da lugar a la mezcla de géneros, de tonos, o incluso, de registros de lengua. Se trata de un género propiamente romántico, por la puesta en escena de la sensibilidad acordada a una época inestable y por la reflexión sobre los ámbitos político y social.

Stendhal, en su obra Racine et Shakespeare defiende ya la necesidad de expresar en el teatro los hechos « que han sucedido ante nuestros ojos »[3], es decir, la necesidad de orecer al público temas reconocibles y próximos a su realidad. Sin embargo, para encontrar las verdaderas raíces del drama romántico, hay que ir a buscar en los Prefacios de Victor Hugo. Se trata de verdaderos manifiestos, donde la teorización de este género se hace perceptible.

  Breve análisis de las obras teóricas

En este momento de confusión y de tormenta literaria, ¿a quién hay que representar, a los que mueren o a los que combaten?[4]


El « prefacio », desde un punto de vista estrictamente técnico, pertenece a lo que denominamos como « paratexto » de la obra en cuestión, teniendo como objetivo desarrollar o justificar aspectos que conciernen al fondo o a la forma.. À cette époque, et notamment chez Victor Hugo, les préfaces saisissent par leur longueur et par leur engagement du côté des revendications, justifications et argumentations. Los prefacios de Hugo constituyen auténticos manifiestos con un carácter crítico, polémico y extraordinariamente innovador.
Como ya hemos remarcado en varias ocasiones, Victor Hugo puede ser considerado como el padre del Romanticismo francés y, más concretamente, como el iniciador del drama romántico. Aunque, si avanzamos un poco más, podremos afirmar que estamos ante el revelador de la teoría literaria que cambiará su siglo, el precursor de la batalla más polémica del panorama literario de la época.

  El Drama Romántico: El Prefacio de Cromwell
Entre las tres obras objeto de este breve análisis, el Prefacio de Cromwell contiene el corpus teórico más abundante y notable. En primer lugar, cabe destacar que la fecha de aparición de esta obra coincide con el comienzo de la axiomatización, por parte del autor, de lo que más tarde dará lugar al drama romántico, en tanto que género independiente.
En este prefacio, Hugo formaliza su “teoría del drama”. El autor recurre a la dualidad intrínseca del hombre y de la naturaleza, sus contrastes inherentes, así como sus contradicciones. La poesía debe responder, por tanto, a estas circunstancias; ésta debe ser el reflejo de la totalidad de esta experiencia. Además, y para reforzar este principio, hay que unificar lo grotesco y lo sublime, asociar los tonos y los géneros, siempre en busca de una representación de la realidad, los seres y las cosas, total y completa.
Desde el día en el que el cristianismo dijo al hombre : « Tu eres doble, (…)”; desde ese día se creó el drama. (…) La poesía nace del cristianismo, la poesía de nuestro tiempo es, por tanto, el drama ; el carácter del drama es lo real; lo real resulta de la combinación natural de dos tipos, lo sublime y lo grotesco, que se cruzan en el drama, como se cruzan en la vida y en la creación[5].
En cualquier caso, lo que constituye el aspecto más remarcable, lo que recorre todo el texto, es el concepto de libertad creadora. Después de haber defendido la superación de las reglas, la abolición de toda norma reductora de la creación artística, la exaltación de una lengua francesa rica, dinámica y vivaz, Hugo defiende la renovación de los dogmas literarios, la autonomía en la producción literaria y, ante todo, la libertad.

  El papel del público : El Prefacio de Ruy Blas
En este caso, el autor comienza su obra identificando al público que, según él, está compuesto por tres tipos o “especies”.
En primer lugar, el autor define al grupo de mujeres, caracterizado por la pasión, la búsqueda de emociones y el gusto por el placer del corazón. Ellas esperan ser conmovidas y el artista debe, por tanto, responderles mediante la tragedia, que es el análisis de las pasiones.
En segundo lugar, el autor habla de la especie de los pensadores, que buscan el placer del espíritu, mientras son enseñados. Este tipo se reconoce en las meditaciones y se verá satisfecho con la comedia, encargada de representar a la humanidad.
Finalmente, encontramos a la muchedumbre, el pueblo, que busca emociones, acción y el placer de divertirse. Según el autor, el melodrama es el género que corresponde a este tipo de especie.
Según esta axiomatización se desprende la pertinencia de la mezcla de géneros. Para Hugo, el público es un conjunto heterogéneo que presenta motivaciones divergentes antes una obra de teatro cualquiera. Es, justamente, la complejidad del público, tenida en cuenta en su conjunto, lo que dará lugar a la oportunidad de expresar la totalidad en el drama. El autor debe, por tanto, saber responder a las necesidades y a las expectativas de su público, debe ser capaz de ofrecer todo lo que su público le reclama.

De esta evidencia se deduce la ley del drama (…) crear es hacer vivir, en las condiciones combinadas del arte y de la naturaleza, de los caracteres, es decir, y nosotros lo repetimos, de los hombres; en estos hombres, en estos caracteres, lanzar las pasiones que desarrollan aquellos y que modifican a ésta, (…) hacer salir de la vida humana, es decir,  de los grandes acontecimientos, pequeños, dolorosos, cómicos, terribles, que contienen para el corazón este placer que llamamos interés, y para el espíritu esta lección que llamamos moral: tal es el objetivo del drama.[6]

Tolerancia y Libertad: El Prefacio d’Hernani
En este momento de confusión y de tormenta literaria, ¿a quién hay que compadecer, a los que mueren o a los que combaten?[7]
Esta citación que abre el prefacio constituye una verdadera declaración de intenciones, al mismo tiempo que subraya el carácter y el temperamento de Victor Hugo. Aunque el autor se refiere al joven poeta Charles Dovalle muerto en duelo, esta fórmula llega en un momento decisivo y abre la vía de lo que será la batalla estética y literaria que jamás haya conocido el siglo XIX.
Desde un punto de vista cronológico, la publicación y la subsecuente revolución que encarna la obra Hernani, inauguran la segunda fase de la corriente romántica en Francia, dominada por las tensiones, las provocaciones y las reivindicaciones más profundas y comprometidas. Gracias a esta obra, Hugo se corona como padre del romanticismo y como escritor de enorme éxito. Su prefacio constituye el manifiesto de los modernos y todo un canto a la libertad creadora y a la tolerancia. El Prefacio de Hernani supone la conmoción de la teoría literaria de la época y el texto original fue retocado por la censura incluso antes de su representación. El día del estreno de la obra, el 25 de febrero de 1830, tiene lugar la famosa batalla que enfrentó a los modernos, liderados por Théophile Gutier, contra la oposición clásica.
Además del Prefacio de Cromwell, considerado como el manifiesto del drama romántico, el Prefacio de Hernani presenta, por su parte, varias características del género, como es el caso del abandono de las unidades de tiempo y de lugar. En este drama, la acción se prolonga durante varios meses y se encuentra entre la intriga sentimental y la intriga política, además, nos desplazamos en el espacio en varias ocasiones. Por otra parte, Hugo reclama el gusto romántico por “el color local”. El personaje de Hernani constituye el ideal romántico: solitario y fragilizado por su sentido exacerbado del honor, se encuentra determinado por la fatalidad y el destino que lo empuja a la muerte, después de haber vivido un amor sublime e imposible. Por supuesto, en esta ocasión encontramos de nuevo la mezcla de géneros y tonos.
Victor Hugo comienza por definir el sistema político ideal: el Liberalismo. Según él, y entendiendo que la literatura debe ser el reflejo y el producto directo de la sociedad, la libertad política y la libertad literaria van de la mano; la segunda constituye el resultado natural y lógico de la primera. De esta forma, hay que buscar y luchar por la libertad de la sociedad y, por consiguiente, por la libertad en el arte. Esta pugna en busca de la libertad y de la verdad constituye toda una revolución.

En revolución, todo movimiento hace avanzar. La verdad y la libertad tienen aquello de excelente que todo lo que se hace por ellas y todo lo que se hace en contra de ellas les sirve igualmente. (…) Al pueblo nuevo, arte nuevo. [8]
Finalmente, el autor llama, una vez más, al papel y la importancia del público respecto a la dirección que la nueva literatura debe tomar. El público debe sentir que la sociedad en la que evoluciona está, por una parte, dominada por esta libertad y que se mantiene, por otra parte, fiel a la realidad. A través del liberalismo literario, el público alcanzará el liberalismo social; la obra de teatro se convierte por tanto, en instrumento de persuasión, de conocimiento y de difusión de la ideología romántica.


Después de la « Batalla de Hernani », la obra obtiene un enorme éxito y su autor se consagra definitivamente como la encarnación del movimiento romántico. Se trata de la victoria de la verdad, la novedad y la libertad.
El alcance de un temperamento como el de Victor Hugo se expande, no sólo a lo largo de su época, sino también en el panorama literario de todos los tiempos.

La Perra



[1] L. de BONALD, Législation primitive, 1802.
[2] HUGO. V., Ruy Blas, Paris, Hatier, 2012. Page 9.
[3]  STHENDHAL, Racine et Shakespeare: études sur le romantisme, Paris, L’Harmattan. Page 182.
[4] HUGO. V., Préface d’Hernani, Paris, Pocket, 2002. Page 25.
[5] HUGO 1827: 39.
[6] HUGO 1838: 8.
[7] HUGO 1830: 25.
[8] HUGO 1830: 26-27.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Victor Hugo: l'engagement et le Drame Romantique

La littérature est l’expression de la société, comme la parole est l’expression de l’homme[1]

1. Société et engagement.

La citation  de Louis de Bonald qui ouvre cette étude, résume en quelques mots le sens de la théorie et de la création littéraire de tous les temps. Les études littéraires, à n’importe quelle époque, sont toujours rattachées aux courants esthétiques et aux productions littéraires de son temps. Les origines des modernes études d’histoire et critique littéraire se situent au début du XIXème siècle et ils s’identifient avec l’avènement du mouvement romantique. Cette liaison n’est pas étrange, tenant compte que c’est, justement, à cette époque où la conscience historique commence à se développer, ce qui permettra la naissance des sciences humaines actuelles, telles que la linguistique, l’ethnographie ou l’histoire.
Déjà, au début du XIXème siècle, Mme. De Staël a démontré dans son œuvre De la littérature  que la littérature est intimement liée aux aspects de la vie collective de l’homme. De cette façon, se dégage l’idée que chaque époque possède une forme littéraire qui lui est propre et qui est en rapport avec les lois, la religion et les mœurs. Elle prône ainsi la nécessité d’étudier les faits littéraires à la lumière de leurs rapports avec d’autres phénomènes de la civilisation et la culture de chaque période historique ; c’est la seule façon de comprendre, de théoriser et de juger les expériences et les différentes formes artistiques.  Dans la perspective romantique donc, chaque histoire particulière ne constitue plus un fait indépendant et isolé, mais elle doit participer, au contraire, des autres histoires vers la connaissance complète de l’activité humaine dans un espace et un temps déterminés. Alors, la critique romantique a intégré l’étude de la littérature dans l’étude de la civilisation générale, en reliant les auteurs et leurs œuvres aux grands mouvements spirituels et culturels de leur époque, aux événements politiques de leur temps et à l’époque où ils évoluent.
Le Romantisme français ouvre la voie à un ample éventail de thèmes susceptibles d’être abordés. Les possibilités de réflexion et d’analyse sont presque infinies. Pourtant, pendant mon parcours personnel, j’ai développé une spéciale prédilection ou encore, une forte sensibilité par rapport à la figure de Victor Hugo, ce que l’auteur représente dans le contexte social et artistique de son époque, ainsi comme la portée, sans précédents, de son œuvre théorique, spécifiquement, l’engagement dans le domaine social et celui de la création artistique à travers ses préfaces.

2. Antécédents immédiats: Le XVIIIème siècle et  les origines du Romantisme.
En dépit de la Renaissance, le XVIIIème siècle c’est l’époque de l’avènement d’un courant de pensée qui donne une place capitale aux idées politiques, sociales et religieuses. Le XVIIIème siècle signifie la réaction de l’esprit humain contre tout ce qui comporte la tradition. C’est donc le moment de créer un nouvel état fondé sur la raison. L’Illustration c’est un mouvement idéologique et culturel qui découvre en fait  son germe à la fin du XVIIème siècle, mais qui trouvera tout son essor  pendant le siècle suivant. Sa finalité fondamentale a été la diffusion du rationalisme -la foi en la raison humaine en tant que base de toute connaissance- ainsi comme la divulgation du progrès et des grandes découvertes scientifiques, basées dans l’observation directe de la nature et de la méthode expérimentale.
La psychologie de l’homme romantique est définie par son esprit individualiste et l’exaltation de sa personnalité. Cet individualisme donne lieu à la recherche de la liberté absolue qui se reflète dans toutes les manifestations artistiques de l’époque.  La morale romantique installe donc la passion et l’instinct comme les seules lois de vie ; la nature libre et l’élan spontané régissent alors la conduite humaine. L’homme a perdu la sérénité de son esprit et il s’abandonne aux émotions les plus violentes comme c’est le cas de l’enthousiasme, la mélancolie ou la désolation. Cette perte caractéristique de confiance en la raison fait de la vie un problème constant et irrésoluble. L’homme est la victime d’un destin sans justification logique et il doit faire appel aux forces surnaturelles qui échappent à toute connaissance rationnelle. La réalité ne répond pas à ses illusions et il débarque dans un désenchantement profond ou même dans le désespoir. Le monde n’offre pas aucun intérêt, alors il essaye d’échapper et de fuir à travers son imagination qui se charge de créer des nouveaux mondes où la pensée romantique s’installe.
Quant à la production littéraire, la technique romantique est fortement déterminée par l’individualisme dont on a parlé plus haut et qui a comme conséquence la considération des règles comme des obstacles pour la création artistique : les règles font de l’art un pur mécanisme sans personnalité ni âme. L’art se dirige maintenant vers l’expression du particulier, de l’individuel et de l’irrégulier, de tout ce qui, enfin, s’échappe de la norme traditionnelle. Le romantisme souligne donc la spécificité, le pittoresque, l’unique et l’exceptionnel.
L’expression littéraire tente d’être le reflet de la personnalité de l’auteur. Selon la psychologie de l’époque, le style est très dynamique et parfois, même violent. Le sens de la perfection disparaît et on laisse libre cours à l’expression intense, inégale ou confuse, mais énormément émotive. L’objectif c’est donc d’émouvoir, parfois à travers la couleur et d’autres fois par la musicalité, la sonorité ou encore le rythme, mais surtout, grâce à l’expression des sentiments. Le contraste sera l’un des procédés les plus choisis, un contraste toujours en quête de l’expression profonde du « moi ».
Pour synthétiser, on dirait que le mouvement romantique est caractérisé par l’expression émotionnelle d’une intimité en conflit avec les éléments extérieurs, la réalité et le destin. Il s’agit d’un courant fortement idéaliste, individualiste et subjectif, où la réalité se perçoit à travers les sensations les plus intimes, les émotions et les sentiments. Le romantisme s’attache donc à la contradiction inhérente de l’individu qui entretient une lutte constante entre son « moi » et la réalité, un individu qui prône le dépassement de limites rationnelles, spatiales et temporelles, qui défend l’introspection, la rêverie et l’imagination et qui lutte contre le conservatisme linguistique et esthétique. À cet égard, La préface de Cromwell devient une œuvre symptomatique des théories romantiques, un vrai manifeste du mouvement que l’on aura l’occasion d’analyser par la suite.
Chronologiquement et même si les limites du mouvement restent floues, on est convenu de distinguer trois étapes. Outre l’élan préromantique qui trouve ses sources dans le siècle dernier, il y a trois étapes de développement du mouvement : la première arrive jusqu’au 1930, coïncide avec la théorisation et la constitution formelle du courant et elle est représentée par les figures de Rousseau, Mme. De Staël et Chateaubriand. La deuxième  termine vers 1936, correspond au triomphe absolu des préceptes romantiques, à la prolifération des œuvres les plus représentatives et on la place à partir de la parution de Hernani et sa bataille. La troisième phase enfin se situe vers la moitié du siècle et répond aux polémiques doctrinales et à l’apparition de formes esthétiques qui commencent à s’écarter des théories romantiques. C’est l’époque de Nerval et Baudelaire, le temps s’interroger sur l’identité et d’une nouvelle direction de la production littéraire.  Même s’il s’agit d’un courant d’une importante durée qui, en fait à cause de cette circonstance prend des directions divergentes avec des représentants d’une indéniable renommée, il faut remarquer le rôle des auteurs qui, comme c’est le cas de Victor Hugo, prolongent son activité créatrice tout au long du mouvement, ayant une carrière presque aussi longue que sa propre vie

3.  Victor Hugo, le génie du romantisme : quelques repères


La figure de Victor Hugo, dans le panorama littéraire, saisit essentiellement et parmi d’autres, par deux circonstances. D’un côté, l’œuvre de cet auteur est presque aussi longue que sa vie et elle embrasse tous les genres littéraires. De l’autre, Hugo est considéré comme le père du Romantisme par son engagement envers le mouvement,  sa défense et sa théorisation.
Se voulant d’abord poète d’inspiration essentiellement romantique, Hugo revendique la liberté des thèmes et des formes. Il est sensible à la nature, au temps, mais aussi aux sujets d’ordre politique, comme c’est le cas de la patrie, la liberté ou encore la société. Il faut remarquer que toute son œuvre se verra marquée par son engagement dans la lutte sociale. Cependant, il est convenable de repérer les deux aspects les plus intéressants de sa poétique : les contrastes  et la création du drame romantique.
Considéré comme le théoricien et l’initiateur du drame romantique, Hugo élabore un théâtre où se retrouvent largement les caractéristiques de son œuvre romanesque et poétique, comme c’est le cas du goût pour les contrastes dans le mélange de genres ou dans la double identité du héros, le lyrisme dans la peinture de l’amour, etc. Pour justifier le principe du « mélange des genres » dont on parlera plus tard, il faut souligner que les contrastes et les combats caractérisent l’univers hugolien, qui se trouve d’ailleurs dominé par le jeu constant des antithèses. Ces contrastes sont liés à l’idée que tout élément procède d’une lutte dualiste entre le bien et le mal, de cette façon, à l’ombre s’oppose la lumière, à la générosité le vice. Les batailles entre deux êtres, entre deux concepts ou entre deux principes sont fréquentes dans l’œuvre de Hugo. Ces conflits peuvent, comme c’est le cas de sa poétique, entraîner le progrès, l’évolution. C’est justement cette conception dualiste de la réalité qui marquera la littérature hugolienne, notamment la rencontre entre le grotesque et le sublime et le mélange des genres qui fondent, comme on va voir, le principe du drame romantique.
De cette façon les deux électricités opposées de la comédie et de la tragédie se rencontrent et l’étincelle qui en jaillit, c’est le drame[2].

 4. Victor  Hugo, le père du Drame Romantique

La configuration du drame romantique en tant que genre indépendant se situe dans le premier quart du XIXème siècle et il suppose la rupture radicale avec les formes théâtrales précédentes. L’avènement de cette forme dramatique a lieu au milieu d’un contexte social et artistique susceptible d’être contesté à cause des tensions politiques et d’ordre social.
Le drame romantique prône le dépassement des normes et des règles du théâtre classique, fondées sur les bienséances, la vraisemblance et les règles d’unité de temps et de lieu, considérées comme des entraves à la création littéraire. Le but c’est de peindre l’homme et son monde en toute leur complexité et leur totalité pour rendre compte de leurs contradictions. Cette volonté d’exprimer la totalité donne lieu au mélange des genres, des tons ou encore des registres de langue.  Il s’agit enfin d’un genre proprement romantique par la mise en œuvre de la sensibilité accordée à une époque instable et par la réflexion sur la politique.
Stendhal, dans son ouvrage Racine et Shakespeare prône déjà la nécessité de dépeindre dans le théâtre des événements « qui ont succédé sous nos yeux »[3], c’est-à dire le besoin d’offrir au public des sujets reconnaissables et proches à leur réalité. Cependant, pour trouver les vraies racines du drame romantique, il faut aller chercher aux Préfaces de Victor Hugo. Il s’agit des vrais manifestes où la théorisation de ce genre ce rend perceptible.
Pour synthétiser et avant de les analyser séparément, il est convenable de repérer, sous forme de schéma,  les points les plus intéressants et remarquables des trois œuvres qui font l’objet de ce travail :
1.     La Préface de Cromwell (1927) : constitue la théorisation du drame romantique en tant que genre indépendant. Il prône la suppression des unités de lieu et de temps et propose le mélange des genres.
2.     La Préface d’Hernani (1833) : suppose la détermination du public et la revendication de l’engagement de l’écrivain  à leur côté.
3.     La Préface de Ruy Blas (1838) : signifie la défense du mélange des genres, de la tolérance et de la liberté.

 5. Analyse des œuvres théoriques 



Dans ce moment de mêlée et de tourmente littéraire, qui faut-il plaindre, ceux qui meurent ou ceux qui combattent ?[4]


Comme j’ai déjà eu l’opportunité de remarquer[5], la préface, du point de vue strictement technique, appartient à ce que l’on connaît comme le « paratexte » de l’œuvre et elle a comme objectif d’en développer ou encore d’en justifier des aspects concernant le fond ou la forme. À cette époque, et notamment chez Victor Hugo, les préfaces saisissent par leur longueur et par leur engagement du côté des revendications, justifications et argumentations. Les préfaces de Hugo constituent des vrais manifestes avec un caractère critique, polémique et extraordinairement novateur. 
Comme l’on a déjà souligné à plusieurs reprises, Victor Hugo peut être considéré comme le père du romantisme et comme l’initiateur du drame romantique, mais aussi c’est le révélateur de la théorie littéraire qui changera son siècle, c’est le déclencheur de la bataille la plus polémique et qui a bouleversé le panorama littéraire de son temps.
La poétique hugolienne  se fonde sur la liberté qui s’exprime par le refus des normes et des règles classiques.


5.1.          Le drame romantique : La Préface de Cromwell
Parmi les trois œuvres qui dont l’objet de cette analyse, la Préface de Cromwell contient le corpus théorique le plus abondant et remarquable. D’abord, il ne faut pas négliger que la date de parution de cet ouvrage coïncide avec le commencement de l’axiomatisation, de la part de l’auteur, autour de ce qui deviendra le drame romantique.
Dans cette préface, Hugo formalise sa « théorie du drame ». L’auteur fait appel à la dualité intrinsèque de l’homme et de la nature, leurs contrastes inhérents et leurs contradictions. La poésie doit répondre donc à cette circonstance ; elle doit être le reflet de la totalité de cette complexité. En plus, et pour renforcer ce principe, il faudrait unifier le grotesque et le sublime, associer les tons et les genres, toujours en quête d’une représentation de la réalité, les êtres et les choses totale et complète.
Du jour où le christianisme a dit à l’homme : « Tu es double, (…) » ; de ce jour le drame a été crée. (…) La poésie née du christianisme, la poésie de notre temps est donc le drame ; le caractère du drame est le réel ; le réel résulte de la combinaison toute naturelle de deux types, le sublime et le grotesque, qui se croisent dans le drame, comme ils se croisent dans la vie et dans la création[6]. (…) On voit combien l’arbitraire distinction des genres croule vite devant la raison et le goût.[7]

En tout cas, ce qui constitue l’aspect le plus remarquable, celui qui parsème tout le texte, c’est le concept de liberté créatrice. Après avoir défendu le dépassement des règles d’unité de temps et de lieu, l’abolition de toute norme réductrice de la création artistique, l’exaltation d’une langue française riche, dynamique et vivante, Hugo prône le renouvellement des dogmes littéraires, l’autonomie dans la production littéraire et, avant tout, la liberté.

5.2.           Le rôle du public : La Préface de Ruy Blas
Dans ce cas, l’auteur commence son récit par identifier le public qui, d’après lui, est composé  de trois types ou « espèces ».
D’abord, il y a le groupe des femmes, caractérisé par la passion, la recherche des émotions el le goût pour le plaisir du cœur. Elles cherchent à être émues et l’écrivain doit en répondre par la tragédie qui est l’analyse de la passion.
Ensuite, l’auteur définie l’espèce des penseurs, qui cherchent le plaisir de l’esprit et à être enseignés. Ce groupe se reconnaît dans les méditations et il se verra satisfait par la comédie, chargée de dépeindre l’humanité.
Finalement, on trouve la foule, le peuple, qui cherche des émotions, de l’action et le plaisir d’être amusé. D’après l’auteur, le mélodrame correspond à ce type d’espèce.
D’après cette axiomatisation se dégage la pertinence du mélange des genres. Selon Victor Hugo, le public c’est un ensemble hétérogène qui a des motivations aussi divergentes devant une pièce de théâtre quelconque. C’est justement la complexité du public prise dans sa réunion ce qui donnera lieu à l’opportunité de dépeindre la totalité dans le drame. L’auteur doit donc savoir répondre aux besoins et aux attentes de son public, il doit être capable d’offrir tout ce qu’il réclame.
De cette évidence se déduit la loi du drame. (…) créer et faire vivre, dans les conditions combinées de l’art et de la nature, des caractères, c’est-à-dire, et nous le répétons, des hommes ; dans ces hommes, dans ces caractères, jeter des passions qui développent ceux-ci et modifient ceux-là, (…) faire sortir de la vie humaine, c’est-à-dire des événements grands, petits, douloureux, comiques, terribles, qui contiennent pour le cœur ce plaisir qu’on appelle l’intérêt, et pour l’esprit cette leçon qu’on appelle la morale : tel est le but du drame.[8]

5.3.          Tolérance et Liberté : La Préface d’Hernani
Dans ce moment de mêlée et de tourmente littéraire, qui faut-il plaindre, ceux qui meurent ou ceux qui combattent ?[9]

Cette citation qui ouvre la préface constitue une vraie déclaration d’intentions en même temps que souligne le caractère et le tempérament de Victor Hugo. Même s’il s’agit du jeune poète Charles Dovalle tué en duel,  cette formule  arrive dans un moment décisif et ouvre la voie de ce qui sera la bataille esthétique et littéraire qui n’a jamais connu le siècle.
On a déjà repéré, à l’occasion de la division chronologique du mouvement romantique, que la publication et la subséquente  révolution qui entraîne cette pièce ouvre la deuxième phase du courant, celle qui sera dominée par les tensions, les provocations et les revendications les plus profondes et engagées. Grâce à Hernani, Hugo se couronne en tant que père du romantisme et comme écrivain à énorme succès. Sa préface constitue le manifeste des modernes et tout un chant à la liberté créatrice et à la tolérance. La Préface d’Hernani suppose déjà le bouleversement de la théorie littéraire de l’époque et le texte est retouché par la censure  avant même sa représentation. La première de la pièce, le 25 février 1830, donne lieu à la fameuse bataille où s’affrontent les modernes, menés par Théophile Gautier, et l’opposition classique.
Outre la Préface de Cromwell, considéré comme le manifeste du drame romantique, la Préface d’Hernani présente, elle aussi, plusieurs caractéristiques du genre, comme c’est le cas de l’abandon des unités de temps et de lieu. Pour cette trame, l’action dure plusieurs mois et on se déplace beaucoup dans l’espace. Quant à l’action, elle est éclatée entre une intrigue sentimentale et une intrigue politique. D’autre part, Hugo se réclame du goût romantique pour « la couleur locale ». le personnage d’Hernani constitue l’idéal romantique : solitaire et fragilisé par son sens exacerbé de l’honneur, il est déterminé par la fatalité et le destin  qui le mène à la mort, après avoir vécu un amour sublime et impossible. De même, on y trouve le mélange des genres et des tons.
Victor Hugo commence par définir le système politique idéal, à savoir le libéralisme. D’après lui, et vu que la littérature doit être le reflet et le produit direct de la société, la liberté politique et la liberté en littérature vont de pair ; la deuxième constitue le résultat naturel et logique de la première. De cette manière, il faut chercher et lutter pour la liberté de la société et, donc, pour la liberté dans l’art. Cette lutte en quête de la liberté et de la vérité constitue toute une révolution.
En révolution, tout mouvement fait avancer. La vérité et la liberté ont cela d’excellent que tout ce qu’on fait pour elles et tout ce qu’on contre elle les sert également. Or, après tant de grandes choses que nos pères ont faites, et nous avons vues, nous voilà sortis de la vieille forme sociale ; comment ne sortirions-nous pas de la vieille forme poétique ? À peuple nouveau, art nouveau. [10]
Finalement, l’auteur fait appel, encore une fois,  au rôle et à la portée du public dans la direction que la nouvelle littérature doit prendre. Le public doit ressentir que la société dans laquelle il évolue est, d’une part dominée par cette liberté et, d’autre part fidèle à la réalité. A travers du libéralisme littéraire, le public arrivera au libéralisme social ; la pièce devient alors l’instrument de persuasion, de connaissance et de diffusion des idées romantiques.
Et cette liberté, le public la veut telle qu’elle doit être, se conciliant avec l’ordre, dans l’État, avec l’art, dans la littérature. (…) le public est toujours aussi, lui, consciencieux et libre. [11]

Après la bataille d’Hernani, la pièce obtient un énorme succès et son auteur est consacré définitivement comme le chef de file du mouvement romantique. C’est la victoire de la vérité, la nouveauté et la liberté. 

Conclusions
Pour récapituler en quelque lignes tout ce que l’on vient d’exprimer, il est convenable de reprendre les idées principales que l’on a formulé en tant que résumé définitif.
D’abord, tenons compte que l’œuvre théorique de Victor Hugo se développe dans un contexte historique et social fortement bouleversé où se mêlent des revendications politiques et des  réclamations littéraires et artistiques, mettant en évidence que, reprenant l’idée principale qui ouvre ce travail, société et littérature sont intimement liées.
Ensuite, rappelons que l’auteur se réclame des influences stylistiques ainsi comme de la société dans laquelle il vit pour en faire son matériel de création littéraire et pour développer sa production dans l’étape du romantisme la plus féconde et riche.
Mettons l’accent finalement sur le fait que Victor Hugo a mérité d’être considéré le précurseur du drame romantique et d’avoir énoncé les théories les plus révolutionnaires et novatrices, du point de vue littéraire mais aussi social, de tout son siècle. 


La portée d’un tempérament comme celui de Victor Hugo se répand, non seulement tout au long de son époque, mais aussi dans le panorama littéraire de tous les temps.

La Perra






[1] L. de BONALD, Législation primitive, 1802.
[2] HUGO. V., Ruy Blas, Paris, Hatier, 2012. Page 9.
[3]  STHENDHAL, Racine et Shakespeare: études sur le romantisme, Paris, L’Harmattan. Page 182.
[4] HUGO. V., Préface d’Hernani, Paris, Pocket, 2002. Page 25.
[5] Voir note 3.
[6] HUGO 1827: 39.
[7] HUGO 1827 : 44.
[8] HUGO 1838: 8.
[9] HUGO 1830: 25.
[10] HUGO 1830: 26-27.
[11] HUGO 1830: 27, 28, 29.