martes, 9 de septiembre de 2014

Victor Hugo: compromiso y Drama Romántico

La literatura es la expresión de la sociedad, como la palabra es la expresión del hombre[1]

.Sociedad y compromiso

La cita de Louis de Bonald que abre esta exposición, resume en pocas palabras el sentido de la teoría y de la creación literaria de todos los tiempos. Los estudios literarios, de cualquier época, siempre están unidos a las corrientes estéticas y a las producciones literarias de su tiempo. Los orígenes de los modernos estudios de estudios de historia y de crítica literaria se sitúan a principios del siglo XIX y se identifican con la llegada del movimiento romántico. Esta unión no es casual, si tenemos en cuenta que es en esta época cuando la conciencia histórica comienza desarrollarse, dando lugar al nacimiento de ciencias humanas como la lingüística, la etnografía, la historiografía o la antropología.
A principios del siglo XIX, Madame de Staël demuestra ya en su obra De la Littérature que la literatura está íntimamente ligada a los aspectos de la vida colectiva del hombre.  De esta forma, se desprende la idea de que cada época posee una forma literaria que le es propia y que está en relación con las leyes, la religión y las costumbres. La autora defiende también la necesidad de estudiar los hechos literarios a la luz de sus relaciones con otros fenómenos de la civilización y de la cultura de cada período histórico; se trata de la única manera de comprender, de teorizar y de juzgar las diferentes expresiones y experiencias artísticas.
En la perspectiva romántica, cada historia particular no constituye un hecho independiente y aislado, sino que participa – y debe participar- de otras historias hacia el conocimiento completo de la actividad humana, en un espacio y en un tiempo determinados. Así pues, la crítica romántica integró el estudio de la literatura en el estudio de la civilización general, identificando a los autores y sus obras con los movimientos espirituales y culturales de su época, con los acontecimientos políticos de su tiempo y con la época en la que evolucionan.
El Romanticismo francés, en concreto, abre el camino hacia un amplísimo abanico de temas susceptibles de ser abordados. Las posibilidades de reflexión y de análisis son casi infinitas. Sin embargo, durante mi recorrido personal, he desarrollado una especial predilección, o incluso, una fuerte sensibilidad hacia la figura de Victor Hugo, hacia lo que el autor represente en su contexto social y artístico, así como la importancia, sin precedentes, de su obra teórica, donde el autor muestra un fuerte compromiso con el ámbito social

   Victor Hugo, el genio del Romanticismo



Para sintetizar, diremos que el movimiento romántico se caracteriza por la expresión emocional de una intimidad en constante conflicto con los elementos externos, la realidad y el destino. Se trata de una corriente fuertemente idealista, individualista y subjetiva, donde la realidad se percibe a través de las sensaciones más íntimas, las emociones y los sentimientos. El Romanticismo es la expresión, por tanto, de la contradicción inherente del individuo que mantiene una lucha constante entre su “yo” y la realidad, un individuo que defiende el desafío de los límites racionales, espaciales y temporales, que defiende la introspección, el ensueño y la imaginación y que lucha contra el conservadurismo lingüístico y estético. A este respecto, El prefacio de Cromwell se convierte en una obra sintomática de las teorías románticas, un verdadero manifiesto del movimiento romántico.
La figura de Victor Hugo, en el panorama literario, resulta seductora entre otras, por dos circunstancias. Por una parte, la obra de este autor es casi tan larga como su vida y ocupa, además, todos los géneros literarios. Por otra parte, Hugo es considerado como el padre del Romanticismo por su implicación en el movimiento, su defensa y su teorización.
Definiéndose, ante todo, como poeta de inspiración esencialmente romántica, Hugo reivindica la libertad de temas y formas. Es sensible a la naturaleza, al tiempo, pero también a los temas de orden político, como es el caso de la patria, la libertad o la sociedad. Hay que señalar que toda su obra se verá marcada por su implicación en la lucha social.
Considerado como el teórico y el iniciador del drama romántico, Victor Hugo elabora un teatro donde se encuentran las características de su obra novelística y poética, como es el caso del gusto por los contrastes en la mezcla de géneros o en la doble identidad del héroe, el lirismo en la pintura del amor, etc. Para justificar el principio de la “mezcla de géneros” , del que hablaremos más adelante, cabría señalar que los contrastes y los combates caracterizan el amplio universo de este autor, que se encuentra dominado además por el juego constante de la antítesis.
Estos contrastes están ligados a la idea de que todo elemento procede de la lucha dualista entre el bien y el mal; de esta forma, la sombra se opone a la luz, a la generosidad el vicio. Las batallas entre dos seres, entre dos conceptos o entre dos principios son frecuentes en la obra de Hugo. Dichos conflictos pueden, como es el caso de su poética, entrañar el progreso, la evolución. Es justamente esta concepción dualista de la realidad la que marcará la literatura de Hugo, sobre todo, el encuentro entre lo grotesco y lo sublime, así como la mezcla de géneros que fundan, como veremos, el principio del drama romántico.

De esta manera las dos electricidades opuestas de la comedia y de la tragedia se encuentran y la chispa que surge de ellas, es el drama[2].

 Victor  Hugo, el padre del Drama Romántico
La configuración el drama romántico, como género independiente, se sitúa en el primer cuarto del siglo XIX y supone la ruptura radical con las formas teatrales precedentes. La llegada de esta forma dramática tiene lugar en medio de un contexto social y artístico susceptible de ser contestado, a causa de las tensiones políticas y de orden social.
El drama romántico defiende la superación de las normas y reglas del teatro clásico, fundado sobre el principio de la “bienséance”, la verosimilitud y las reglas de unidad de tiempo, lugar y acción, consideradas, a partir de ahora, como auténticos lastres para la creación literaria. El objetivo será, por tanto, representar al hombre y su entorno en toda su complejidad y totalidad para, de esta forma, dar cuenta de sus contradicciones. Esta voluntad de expresar la totalidad, da lugar a la mezcla de géneros, de tonos, o incluso, de registros de lengua. Se trata de un género propiamente romántico, por la puesta en escena de la sensibilidad acordada a una época inestable y por la reflexión sobre los ámbitos político y social.

Stendhal, en su obra Racine et Shakespeare defiende ya la necesidad de expresar en el teatro los hechos « que han sucedido ante nuestros ojos »[3], es decir, la necesidad de orecer al público temas reconocibles y próximos a su realidad. Sin embargo, para encontrar las verdaderas raíces del drama romántico, hay que ir a buscar en los Prefacios de Victor Hugo. Se trata de verdaderos manifiestos, donde la teorización de este género se hace perceptible.

  Breve análisis de las obras teóricas

En este momento de confusión y de tormenta literaria, ¿a quién hay que representar, a los que mueren o a los que combaten?[4]


El « prefacio », desde un punto de vista estrictamente técnico, pertenece a lo que denominamos como « paratexto » de la obra en cuestión, teniendo como objetivo desarrollar o justificar aspectos que conciernen al fondo o a la forma.. À cette époque, et notamment chez Victor Hugo, les préfaces saisissent par leur longueur et par leur engagement du côté des revendications, justifications et argumentations. Los prefacios de Hugo constituyen auténticos manifiestos con un carácter crítico, polémico y extraordinariamente innovador.
Como ya hemos remarcado en varias ocasiones, Victor Hugo puede ser considerado como el padre del Romanticismo francés y, más concretamente, como el iniciador del drama romántico. Aunque, si avanzamos un poco más, podremos afirmar que estamos ante el revelador de la teoría literaria que cambiará su siglo, el precursor de la batalla más polémica del panorama literario de la época.

  El Drama Romántico: El Prefacio de Cromwell
Entre las tres obras objeto de este breve análisis, el Prefacio de Cromwell contiene el corpus teórico más abundante y notable. En primer lugar, cabe destacar que la fecha de aparición de esta obra coincide con el comienzo de la axiomatización, por parte del autor, de lo que más tarde dará lugar al drama romántico, en tanto que género independiente.
En este prefacio, Hugo formaliza su “teoría del drama”. El autor recurre a la dualidad intrínseca del hombre y de la naturaleza, sus contrastes inherentes, así como sus contradicciones. La poesía debe responder, por tanto, a estas circunstancias; ésta debe ser el reflejo de la totalidad de esta experiencia. Además, y para reforzar este principio, hay que unificar lo grotesco y lo sublime, asociar los tonos y los géneros, siempre en busca de una representación de la realidad, los seres y las cosas, total y completa.
Desde el día en el que el cristianismo dijo al hombre : « Tu eres doble, (…)”; desde ese día se creó el drama. (…) La poesía nace del cristianismo, la poesía de nuestro tiempo es, por tanto, el drama ; el carácter del drama es lo real; lo real resulta de la combinación natural de dos tipos, lo sublime y lo grotesco, que se cruzan en el drama, como se cruzan en la vida y en la creación[5].
En cualquier caso, lo que constituye el aspecto más remarcable, lo que recorre todo el texto, es el concepto de libertad creadora. Después de haber defendido la superación de las reglas, la abolición de toda norma reductora de la creación artística, la exaltación de una lengua francesa rica, dinámica y vivaz, Hugo defiende la renovación de los dogmas literarios, la autonomía en la producción literaria y, ante todo, la libertad.

  El papel del público : El Prefacio de Ruy Blas
En este caso, el autor comienza su obra identificando al público que, según él, está compuesto por tres tipos o “especies”.
En primer lugar, el autor define al grupo de mujeres, caracterizado por la pasión, la búsqueda de emociones y el gusto por el placer del corazón. Ellas esperan ser conmovidas y el artista debe, por tanto, responderles mediante la tragedia, que es el análisis de las pasiones.
En segundo lugar, el autor habla de la especie de los pensadores, que buscan el placer del espíritu, mientras son enseñados. Este tipo se reconoce en las meditaciones y se verá satisfecho con la comedia, encargada de representar a la humanidad.
Finalmente, encontramos a la muchedumbre, el pueblo, que busca emociones, acción y el placer de divertirse. Según el autor, el melodrama es el género que corresponde a este tipo de especie.
Según esta axiomatización se desprende la pertinencia de la mezcla de géneros. Para Hugo, el público es un conjunto heterogéneo que presenta motivaciones divergentes antes una obra de teatro cualquiera. Es, justamente, la complejidad del público, tenida en cuenta en su conjunto, lo que dará lugar a la oportunidad de expresar la totalidad en el drama. El autor debe, por tanto, saber responder a las necesidades y a las expectativas de su público, debe ser capaz de ofrecer todo lo que su público le reclama.

De esta evidencia se deduce la ley del drama (…) crear es hacer vivir, en las condiciones combinadas del arte y de la naturaleza, de los caracteres, es decir, y nosotros lo repetimos, de los hombres; en estos hombres, en estos caracteres, lanzar las pasiones que desarrollan aquellos y que modifican a ésta, (…) hacer salir de la vida humana, es decir,  de los grandes acontecimientos, pequeños, dolorosos, cómicos, terribles, que contienen para el corazón este placer que llamamos interés, y para el espíritu esta lección que llamamos moral: tal es el objetivo del drama.[6]

Tolerancia y Libertad: El Prefacio d’Hernani
En este momento de confusión y de tormenta literaria, ¿a quién hay que compadecer, a los que mueren o a los que combaten?[7]
Esta citación que abre el prefacio constituye una verdadera declaración de intenciones, al mismo tiempo que subraya el carácter y el temperamento de Victor Hugo. Aunque el autor se refiere al joven poeta Charles Dovalle muerto en duelo, esta fórmula llega en un momento decisivo y abre la vía de lo que será la batalla estética y literaria que jamás haya conocido el siglo XIX.
Desde un punto de vista cronológico, la publicación y la subsecuente revolución que encarna la obra Hernani, inauguran la segunda fase de la corriente romántica en Francia, dominada por las tensiones, las provocaciones y las reivindicaciones más profundas y comprometidas. Gracias a esta obra, Hugo se corona como padre del romanticismo y como escritor de enorme éxito. Su prefacio constituye el manifiesto de los modernos y todo un canto a la libertad creadora y a la tolerancia. El Prefacio de Hernani supone la conmoción de la teoría literaria de la época y el texto original fue retocado por la censura incluso antes de su representación. El día del estreno de la obra, el 25 de febrero de 1830, tiene lugar la famosa batalla que enfrentó a los modernos, liderados por Théophile Gutier, contra la oposición clásica.
Además del Prefacio de Cromwell, considerado como el manifiesto del drama romántico, el Prefacio de Hernani presenta, por su parte, varias características del género, como es el caso del abandono de las unidades de tiempo y de lugar. En este drama, la acción se prolonga durante varios meses y se encuentra entre la intriga sentimental y la intriga política, además, nos desplazamos en el espacio en varias ocasiones. Por otra parte, Hugo reclama el gusto romántico por “el color local”. El personaje de Hernani constituye el ideal romántico: solitario y fragilizado por su sentido exacerbado del honor, se encuentra determinado por la fatalidad y el destino que lo empuja a la muerte, después de haber vivido un amor sublime e imposible. Por supuesto, en esta ocasión encontramos de nuevo la mezcla de géneros y tonos.
Victor Hugo comienza por definir el sistema político ideal: el Liberalismo. Según él, y entendiendo que la literatura debe ser el reflejo y el producto directo de la sociedad, la libertad política y la libertad literaria van de la mano; la segunda constituye el resultado natural y lógico de la primera. De esta forma, hay que buscar y luchar por la libertad de la sociedad y, por consiguiente, por la libertad en el arte. Esta pugna en busca de la libertad y de la verdad constituye toda una revolución.

En revolución, todo movimiento hace avanzar. La verdad y la libertad tienen aquello de excelente que todo lo que se hace por ellas y todo lo que se hace en contra de ellas les sirve igualmente. (…) Al pueblo nuevo, arte nuevo. [8]
Finalmente, el autor llama, una vez más, al papel y la importancia del público respecto a la dirección que la nueva literatura debe tomar. El público debe sentir que la sociedad en la que evoluciona está, por una parte, dominada por esta libertad y que se mantiene, por otra parte, fiel a la realidad. A través del liberalismo literario, el público alcanzará el liberalismo social; la obra de teatro se convierte por tanto, en instrumento de persuasión, de conocimiento y de difusión de la ideología romántica.


Después de la « Batalla de Hernani », la obra obtiene un enorme éxito y su autor se consagra definitivamente como la encarnación del movimiento romántico. Se trata de la victoria de la verdad, la novedad y la libertad.
El alcance de un temperamento como el de Victor Hugo se expande, no sólo a lo largo de su época, sino también en el panorama literario de todos los tiempos.

La Perra



[1] L. de BONALD, Législation primitive, 1802.
[2] HUGO. V., Ruy Blas, Paris, Hatier, 2012. Page 9.
[3]  STHENDHAL, Racine et Shakespeare: études sur le romantisme, Paris, L’Harmattan. Page 182.
[4] HUGO. V., Préface d’Hernani, Paris, Pocket, 2002. Page 25.
[5] HUGO 1827: 39.
[6] HUGO 1838: 8.
[7] HUGO 1830: 25.
[8] HUGO 1830: 26-27.

No hay comentarios:

Publicar un comentario